Iara Bianchi

Iara Bianchi es psicóloga, psicoanalista y editora. Desde hace más de diez años se dedica a la clínica desde una mirada psicoanalítica. Trabajó en hospitales públicos, en el ámbito privado de la Salud y en un programa de atención de urgencias en el ámbito penitenciario durante tres años. Se ocupó sobre todo del tratamiento de cuestiones relacionadas con adicciones, trastornos de la alimentación y otros tipos de malestares. Hoy día atiende en su consultorio particular. Desde hace seis años es Directora Editorial de deinconscientes.com <http://deinconscientes.com/>, una plataforma de contenidos de cultura, salud, actualidad y psicoanálisis, en la que se promueve la convivencia de distintas perspectivas y la tolerancia de las diferencias.

DATOS DE PONENCIA:

Las distintas caras de la depresión: angustia, aburrimiento, holgazanería, bronca y fastidio

Sábado 29 de Agosto - 1:30 p.m. a 2:10 p.m.

Abstract

La depresión puede ser tratada desde lo patológico, un malestar que se lo suele relacionar con lo biológico, o como un síntoma de algo que se hace visible en las formas con las cuales lidiamos con el mundo. Sea una enfermedad o un malestar acentuado, no se desliga el cuerpo de lo psíquico, y es potencialmente un modo de estar en la vida que puede tornarse crónico y hasta llegar a la muerte. ¿Cómo distinguir un duelo, un momento de desesperación, una angustia que insiste o una depresión? A veces no nos damos cuenta que esas sensaciones que persisten, al no ser revisadas, producen acostumbramiento, un hábito adquirido hasta volverlo “normal”. Antes de convertirse en grave, hay indicios: luces suaves o de neón que a un buen observador le auguran una salida sin que lo  alcance una completa ceguera. Hay tiempos en los que se necesitan de otros ojos para ver mejor. La voluntad es necesaria, pero no basta. Cuando la vida pierde sentido, cuando el sentido no alcanza… Por un lado, desestabiliza, desorienta. Por otro lado, se abre un horizonte hacia un sentido propio. Cuanto más lejos se está de uno, más cerca se está de quedar sin fuerzas, sin fe en que la tormenta pasará.

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